Phoolan Devi. La reina de los bandidos (India)

Phoolan Devi. La reina de los bandidos (India)

Notapor José María » Vie Ene 29, 2010 3:58 am

El mito inspiró al director de cine indio Shekar Kapur y su "Reina de los bandidos", que triunfó en el festival de cine de Toronto (Canadá)

Phoolan Devi es una leyenda viva en la India. Reencarnación de la terrible diosa Kali para unos, símbolo de la liberación de la mujer del Tercer Mundo para otros; un nuevo Robin Hood y una bandolera y asesina sin piedad, pero de gran belleza, para no pocos de sus paisanos, la "Reina de los bandidos" espera todavía en libertad condicional su procesamiento. Tiene 53 causas pendientes, fruto de sus tres años (1981-1983) de correrías al frente de sus dacoits -bandoleros indios- en los estados de Uttar Pradesh y Madhya Pradesh, al norte del subcontinente.

Pero el estallido de su fama se debió a una nueva matanza de San Valentín, el 14 de febrero de 1981, cuando vestida con guerrera verde, cinta roja en la frente y al mando de una partida de dacoits fusiló a 26 campesinos de la aldea de Behmai, un lugar donde un año antes había sido secuestrada durante un mes y violada por decenas de sus habitantes con la impunidad del agravio a una mujer de las castas más bajas de la India. Ella prometió vengarse y así nació una leyenda.

El mito inspiró al director de cine indio Shekar Kapur y su "Reina de los bandidos", que triunfó en el festival de cine de Toronto (Canadá). Devi es menuda, mide bastante menos de un metro sesenta. Tiene un gesto dulce y vocecilla de niña excepto cuando se enfada. Entonces su expresión se vuelve terrible y su voz se torna en un graznido.

La falta de pruebas sobre la matanza de Behmai, de la que puede ser indultada -todos los testigos están muertos y Devi, aunque nadie la cree, asegura que disparó su novio, Vikram, también muerto-, el buen comportamiento en 11 años en la prisión de Gwalior y la necesidad de tratarse de un cáncer vaginal han hecho posible la libertad condicional de Devi.

Ahora, tras una etapa como diputada en el Parlamento elegida en las filas de un partido socialista, espera varias causas por asaltos a autobuses y aldeas al frente de su banda armada, que volvio locos a policía y ejército durante tres años, hasta que ella pactó su rendición.

“Nunca me consideré una diosa; no puedo creerme algo así. Nada de lo que sucedió aquéllos años debió pasar. El origen de todo, y, por supuesto, de las creencias de los pobres que vieron en mí una especie de redentora, es la tremenda miseria e injusticia que esas gentes sufren en la India. Aquí ocurren cosas terribles, y cuando yo actuaba contra el orden brotó ese intento de deificarme, causado por la desesperación de las castas más bajas”, nos cuenta en su casa de Nueva Delhi, donde vive ahora casada con un político.

Devi afirma que “la gente de los pueblos en la India no tiene ropa caliente en invierno, apenas come unas pocas lentejas cada día, lo justo para sobrevivir. Y si alguien, por ejemplo, se atreve a coger frutas o hortalizas de un campo, los terratenientes pueden castigarle con dureza. Los ricos fueron mis enemigos y los pobres mis amigos. En muchas de las ocasiones en que tomaba con mi banda un pueblo reunía a los lugareños en la plaza y, con mi megáfono, ordenaba a los ricos que entregaran dinero a los pobres. Antes de dejar el pueblo advertía que si se atrevían a reclamar lo entregado, volvería y se verían en un bonito problema conmigo. Se trataba, a veces, de gente que trabajan las cosechas de los terratenientes por 50 rupias (200 pesetas) al mes y de mujeres que trabajaban jornadas enteras en el campo para conseguir una botella de leche para sus niños”.

Para ella, un dacoit es un bandolero que debe respetar ciertas reglas. Cree que muchas personas se convierten en dacoits cuando se hartan de sufrir explotaciones. Y muchos son buenos, tienen unas normas, como no agredir jamás a una mujer. Pero otros, por supuesto, se hacen bandoleros sólamente para hacerse ricos a toda costa robando. Y algunos de ellos se han aprovechado de su reputación para hacer cosas en su nombre, como robar graneros repletos de trigo y condenar a todo un pueblo a pasar hambre. “También he conocido a un jefe dacoit que secuestraba mujeres para venderlas en los estados de Rajastán o Madhya Pradesh, pero no duró mucho. Los que se dedican a asuntos tan sucios viven poco; es difícil sobrevivir cuando se actúa de ese modo”, dice.

¿Y la venganza? ¿Qué opina Phoolan Devi del hecho de tomarse la justicia por su mano? “La vida es una cuestión de acción y reacción. A mí no me viola todo un pueblo sin consecuencias. Si me sucede, yo vuelvo y... No hay Dios ni religión en la India para los pobres; sólo para los ricos. Yo creo en Durga (reencarnación de Parvati, esposa de Siva, dios hinduísta, creada con diez brazos armados para matar a un demonio), que también luchó contra la injusticia. Ser mujer en la India implica someterse a la gran opresión de los hombres. ¿Cuándo volverá Rama a rescatarnos a todas las sitas de la India? (En la epopeya del Ramayana, el dios Rama lucha contra un demonio que secuestró a su compañera Sita). Lo estamos esperando...”, concluye esta mujer analfabeta, quizá la última cabecilla de un grupo de asaltantes de caminos de la historia, que se expresa con una soltura y claridad de ideas impresionante.

El cóctel de atraso, miseria, violencia y venganzas es implacable. La noche del 25 de julio varios disparos acabaron con la vida de Phoolan Devi a las puertas de su casa.

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José María
 
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